viernes, 24 de octubre de 2025

BOLETIN DE OCTUBRE

Rosas en los altares

Durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835–1852), la figura del Restaurador alcanzó una dimensión simbólica que trascendió la política, transformándose en una especie de culto civil-religioso. Este fenómeno, conocido como “Rosas en los altares”, mezcló los rituales católicos con el fervor político federal, generando una devoción pública sin precedentes hacia un gobernante.

La sacralización del Restaurador

Rosas fue proclamado “El Restaurador de las Leyes” y se lo consideraba el garante del orden, la religión y la patria. En templos, oficinas y casas particulares se colocaban retratos suyos junto a imágenes sagradas, acompañados de la inscripción:

Viva la Santa Federación! ¡Mueran los salvajes unitarios

Los altares con su retrato, a menudo rodeado de velas, flores y cintas rojas, eran una expresión de lealtad política y devoción simbólica, donde la imagen del caudillo se fundía con la del orden divino.

Si bien Rosas mantuvo una relación tensa pero pragmática con la Iglesia Católica, comprendió el valor político de la religión como instrumento de cohesión social.

Permitió procesiones y misas federales.

Usó símbolos religiosos en su propaganda.

Y promovió la idea de que su autoridad provenía de Dios.

Algunos sacerdotes incluso predicaban que obedecer a Rosas era obedecer a la voluntad divina, consolidando así la figura del Restaurador como un “ungido del Señor”.

El altar simboliza la patria.

Los sacerdotes y fieles representan al pueblo federal.

Las velas y ornamentos evocan la idea del poder bendecido por lo divino.

Es una escena alegórica que retrata cómo el rosismo convirtió al líder en un símbolo casi místico, mezcla de gobernante, protector y santo político.

El culto a Rosas fue un fenómeno de su tiempo, producto de la lealtad popular, el control político y la devoción simbólica. Tras su caída en 1852, los enemigos del rosismo interpretaron este fenómeno como idolatría política, pero hoy los historiadores lo ven como una manifestación cultural del nacionalismo temprano argentino, donde el pueblo buscó en Rosas un eje de unidad y fe.

“Rosas en los altares” es más que una anécdota religiosa: es la expresión visual del vínculo profundo entre fe, patria y autoridad durante la Santa Confederación.

La imagen del Restaurador en los altares representa un momento donde el poder político se volvió objeto de culto, y la religión, instrumento de identidad nacional.

Por Ariel Agustín Quiroz 

Juan Manuel de Rosas y la Iglesia Católica

La relación entre Juan Manuel de Rosas y la Iglesia Católica fue una de las más firmes y estratégicas de su gobierno. Rosas entendía que la religión era un pilar fundamental del orden social, y la utilizó como instrumento de cohesión moral y política en un tiempo de guerras civiles y desunión nacional.

Rosas sostenía que sin religión no podía haber autoridad ni respeto. Consideraba que la Iglesia era una institución esencial para mantener la moral del pueblo, por eso promovió:

El culto católico oficial como religión del Estado.

La enseñanza religiosa en escuelas.

El respeto estricto a los ritos, procesiones y festividades católicas.

Bajo su gobierno, se fomentó una fuerte identidad católica y federal, donde Dios, la Patria y el Orden eran inseparables.

Rosas mantuvo vínculos cercanos con el clero porteño y del interior.

Muchos sacerdotes federales apoyaban su causa, predicando la obediencia y la fidelidad al Restaurador.

Rosas protegió a los religiosos que respaldaban su autoridad y, al mismo tiempo, expulsó a los curas opositores o vinculados con los unitarios.

El púlpito fue una herramienta política: desde allí se legitimaba su gobierno como defensor del orden cristiano frente al caos liberal.

Rosas mantuvo la doctrina del Patronato, que daba al Estado poder de decisión sobre los asuntos de la Iglesia en el país.

Esto significaba que:

El gobierno debía aprobar los nombramientos eclesiásticos.

Controlaba la correspondencia con el Vaticano.

Limitaba la influencia directa de Roma sobre el clero local.

Aunque respetuoso del Papa, Rosas defendía la soberanía nacional frente al poder extranjero, incluso el religioso.

No todo fue armonía. Algunos miembros del clero criticaron el autoritarismo rosista y su persecución a opositores.

En respuesta:

Rosas impuso censura religiosa, prohibiendo sermones o escritos contrarios a su gobierno.

Los curas unitarios fueron desterrados o confinados.

Sin embargo, esta represión se justificaba en nombre de la defensa del orden, la fe y la Patria.

El gobierno rosista integró la iconografía católica a su propaganda política:

Las imágenes de la Virgen y los santos aparecían junto a los símbolos federales.

El lema ¡Viva la Santa Federación! se pronunciaba junto a ¡Viva Jesucristo!.

En los actos públicos se mezclaban ceremonias religiosas con celebraciones políticas.

Esto generó una fusión entre religión y patriotismo, donde la figura de Rosas se veía casi como un enviado de la Providencia.

La relación entre Rosas y la Iglesia Católica fue una alianza política y espiritual.

El Restaurador comprendió que la fe católica era el alma del pueblo argentino.

La Iglesia, a su vez, halló en Rosas un protector frente al liberalismo y la anarquía.

Aunque hubo tensiones, su gobierno marcó una de las etapas más religiosas y conservadoras del siglo XIX argentino, donde Dios, la Patria y Rosas fueron parte de una misma devoción popular.

Rosas defendía la religión católica no solo como fe, sino como fundamento del orden y la soberanía nacional.

Por Ariel Agustín Quiroz

La Santa Confederación Argentina

Durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835-1852), la Confederación Argentina alcanzó su máxima organización política y su identidad ideológica más definida.

En este contexto surgió la expresión “Santa Confederación Argentina”, que reflejaba no solo un orden político, sino también una visión moral, religiosa y patriótica del país.

Tras años de guerras civiles entre unitarios y federales, Rosas asume nuevamente el poder en 1835 con facultades extraordinarias para restaurar el orden y la unidad nacional.

Desde Buenos Aires gobernó en nombre de la Confederación Argentina, un conjunto de provincias soberanas unidas bajo su autoridad moral y política.

En ese período, Rosas buscó consolidar tres pilares fundamentales:

1. La Religión Católica como base espiritual.

2. La Soberanía Nacional frente a potencias extranjeras.

3. El Orden y la Autoridad como garantía de paz.

Estos principios dieron origen al concepto de “Santa Confederación”, expresión que fusionaba el poder político con el sentido religioso del destino argentino.

El adjetivo “Santa” no fue casual: representaba la defensa de la fe católica frente a los valores liberales y anticlericales que venían de Europa y de los unitarios exiliados.

Rosas proclamó que la Confederación debía ser “santa” porque:

Defendía la religión católica apostólica romana como única fe del pueblo.

Rechazaba la influencia del protestantismo y del laicismo extranjero.

Elevaba la política al plano moral y espiritual, viendo a la Patria como una misión sagrada.

Así, la Santa Confederación Argentina se presentaba como una nación providencial, elegida por Dios para mantener la tradición, la religión y la soberanía.

Durante este período, el catolicismo se integró profundamente a la identidad política federal:

Los actos oficiales y las batallas se abrían con oraciones.

Los soldados federales juraban fidelidad a la Patria ante el crucifijo.

Las fiestas patrias incluían misas y procesiones.

El lema “¡Viva la Santa Federación! ¡Viva Jesucristo!” se convirtió en un grito popular.

El pueblo veía en Rosas un instrumento de la voluntad divina, destinado a defender la fe y el orden contra los enemigos internos y externos.

La Santa Confederación también tuvo una dimensión internacional:

Rosas debió enfrentar las presiones del bloqueo francés (1838-1840) y luego del bloqueo anglo-francés (1845-1850).

En ambos casos, las potencias extranjeras justificaban su intervención diciendo que querían “liberar” el comercio o “proteger” a los exiliados unitarios.

Rosas respondió con una firmeza patriótica:

Los pueblos de la Confederación están resueltos a ser libres, independientes y católicos, o morir en defensa de su religión y de su suelo.

Esta resistencia convirtió a la Confederación en un símbolo de soberanía moral y espiritual frente al imperialismo europeo.

Rosas creía que el orden federal no era solo una forma de gobierno, sino una expresión del orden natural querido por Dios.

Por eso, perseguía el caos político y el liberalismo con la convicción de estar defendiendo un principio sagrado.

La obediencia, la familia, la religión y el trabajo eran valores centrales del pueblo federado.

La Santa Confederación Argentina fue más que una denominación política:

fue una idea moral, religiosa y patriótica que unió a las provincias bajo una causa común:

Dios, la Patria y el Orden.

El segundo gobierno de Rosas dio forma a esta visión:

un país soberano, profundamente católico y celoso defensor de su identidad nacional frente al extranjero y la anarquía interna.

Rosas se veía a sí mismo como el Restaurador del Orden y la Fe, y su pueblo lo consideró el guardián de la Santa Confederación.

La Santa Confederación Argentina fue el último bastión del orden cristiano y nacional frente al liberalismo que avanzaba sobre América.

SJuan Manuel de Rosas utilizaba la Cruz del Sur como símbolo distintivo para marcar su ganado, sus pertenencias y, en algunos casos, también como emblema personal.

La Cruz del Sur (la constelación austral visible en el cielo nocturno del hemisferio sur) fue adoptada por Rosas como marca de identidad y poder.

Este símbolo se usaba en:

Las marcas de fuego del ganado de sus estancias, como “Los Cerrillos” y “El Pino”.

Los aperos, banderas y sellos de su administración rural.

El estandarte personal que lo identificaba como jefe de la Campaña del Sur y luego como Gobernador de Buenos Aires.

La Cruz del Sur representaba el orden, la fe y la identidad nacional del territorio austral.

Para Rosas y sus seguidores, simbolizaba una alianza entre el poder terrenal y el divino, una forma de consagrar la causa federal bajo la protección de Dios.

También tenía un fuerte sentido criollo y gauchesco, ya que era la constelación guía de los hombres del campo.

En documentos de la época y testimonios de viajeros británicos, se menciona que el ganado de Rosas podía reconocerse fácilmente “por la cruz de fuego marcada en el lomo”, haciendo referencia justamente a este símbolo.

Por Ariel Agustín Quiroz


ALEGORÍA DE LA ÉPOCA DE ROSAS

Autor: Bernabé Demaría (Argentina, 1854)

Basada en: Las tentaciones de San Antonio, de David Teniers el Viejo (1582–1649)

Técnica: Óleo sobre tela

Ubicación actual: Museo Histórico de la Ciudad de Buenos Aires “Cornelio de Saavedra”

El cuadro, conocido como “Alegoría de la época de Rosas”, forma parte del patrimonio exhibido por el Museo Histórico de Buenos Aires “Cornelio de Saavedra”. Fue realizado en 1854 por el artista argentino Bernabé Demaría, quien adaptó la célebre obra flamenca Las tentaciones de San Antonio de David Teniers el Viejo.

Demaría copió casi textualmente la composición de Teniers, pero introdujo dos cambios significativos:

1. Invierte horizontalmente la imagen, posiblemente porque se basó en una reproducción grabada.

2. Sustituye a dos de los monstruos originales por las figuras de Juan Manuel de Rosas y Justo José de Urquiza, dándoles un carácter alegórico y político.

Estos reemplazos transforman la escena religiosa original centrada en las tentaciones del santo en una sátira política sobre la Argentina de mediados del siglo XIX, tras la caída de Rosas en 1852.

La obra utiliza el lenguaje visual del barroco flamenco para criticar el contexto político argentino posterior a Caseros.

Rosas, vestido con uniforme militar, representa el demonio del autoritarismo y el pasado reciente de la tiranía.

Urquiza, como segundo demonio, simboliza la ambigüedad del nuevo orden político.

El conjunto de brujas, diablos y seres grotescos alude a la corrupción moral, el fanatismo y las intrigas que marcaron la política nacional.

La presencia de ambos líderes puede interpretarse como una defensa de la separación del “Estado de Buenos Aires” respecto del resto de la Confederación, posición política que el propio Demaría sostenía como diputado bonaerense.

Bernabé Demaría (1815–1888) fue un artista y político porteño vinculado al liberalismo ilustrado de la época. Su obra se inscribe en el proceso de reconstrucción cultural de Buenos Aires después del régimen rosista.

La pintura fue expuesta en 1856 en el Salón del Recreo, un espacio de sociabilidad porteña donde se mostraban obras de arte, se leían diarios nacionales y extranjeros, y se presentaban ingeniosos artefactos ópticos. Allí, la “Alegoría de la época de Rosas” causó gran impacto por su audacia simbólica y su crítica política.

La “Alegoría de la época de Rosas” es una pieza clave del arte político argentino del siglo XIX.

Artísticamente, conjuga el lenguaje pictórico europeo con la sátira nacional.

Históricamente, documenta las tensiones ideológicas tras la caída del rosismo.

Culturalmente, refleja cómo el arte se convirtió en vehículo de opinión, memoria y reconstrucción de identidad.

Hoy, la obra puede visitarse en el Museo Histórico de Buenos Aires “Cornelio de Saavedra”, ubicado en Av. Crisólogo Larralde 6309, CABA, donde integra el acervo permanente del museo.

Museo Histórico de Buenos Aires “Cornelio de Saavedra”

Dirección: Av. Crisólogo Larralde 6309, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.





jueves, 11 de septiembre de 2025

Saga: "El Vampiro Federal". Juan Manuel de Rosas

Saga: "El Vampiro Federal"

Tomo I: La Sangre y la Rosa

La historia comienza en el Rincón de López, donde Rosas pacta con fuerzas oscuras para obtener poder sobre la vida y la muerte.

El pacto lo convierte en un vampiro inmortal, alimentado con la sangre de sus enemigos.

Durante el día gobierna con la disciplina y el terror; de noche sale con su guardia personal de vampiros federales a cazar unitarios.

El Restaurador usa la sangre de los unitarios como símbolo de poder, mezclando el terror político con lo sobrenatural.

Tomo II: La Mazorca de la Noche

La Mazorca no es solo una policía política: es una secta vampírica que ejecuta rituales nocturnos y marca con sangre a sus víctimas.

Los unitarios comienzan a difundir rumores de que Rosas no envejece y que su mirada hipnótica somete a cualquiera.

La guerra civil se transforma en una lucha entre hombres y criaturas nocturnas.

Una resistencia secreta de unitarios busca un cazador de vampiros europeo para enfrentarlo.

Tomo III: La Confederación de las Sombras

Rosas extiende su poder sobrenatural por las provincias, enviando a sus generales vampiros a dominar las noches del Litoral, Cuyo y el Norte.

Los federales se convierten en una legión inmortal, imposible de derrotar en la oscuridad.

Los unitarios descubren un antiguo texto en las ruinas jesuíticas de Misiones que podría revelar cómo destruir al vampiro federal.

Surgen enfrentamientos nocturnos épicos en campos de batalla iluminados solo por la luna.

Tomo IV: Caseros, la Batalla de la Medianoche

La Batalla de Caseros se transforma en un choque entre ejércitos humanos y vampíricos.

Urquiza, con ayuda de extranjeros y un arma secreta (posiblemente un crucifijo relicario de los Andes), logra quebrar el poder de Rosas.

El Restaurador es herido y, para no ser destruido, se exilia a Inglaterra…

pero en realidad viaja para unirse a antiguos clanes vampíricos europeos, preparando su regreso.

Tomo V: El Retorno del Restaurador

Siglo XX: en la oscuridad de Londres, Rosas planea volver a la Argentina.

Su legado vampírico aún vive en descendientes ocultos en la pampa.

La saga conecta pasado y presente: ¿y si los vampiros federales nunca fueron derrotados del todo?

Capítulo I: El Caudillo y la Sangre

La luna llena se alzaba sobre Palermo. Sus rayos plateados bañaban los jardines de la residencia del Restaurador, donde los rosales parecían florecer con un brillo espectral. El silencio de la noche se quebró con un sonido profundo: un crujido de ataúd que se abría bajo tierra.

De la oscuridad emergió Juan Manuel de Rosas. Su uniforme federal relucía como si nunca hubiera tocado el polvo de la guerra. Sus ojos, rojos como brasas encendidas, contemplaban la pampa infinita. En su boca, los colmillos brillaban con un hambre antigua.

Esta noche la sangre unitaria volverá a correr murmuró con voz grave, casi un rugido.

A su lado, uno a uno, comenzaron a levantarse sus soldados vampiros. Vestían ponchos colorados, sus sombras alargadas parecían alas de murciélagos. No eran hombres comunes: eran la guardia nocturna de Rosas, una Mazorca de colmillos y garras.

El aire se llenó de un silbido. Era la corneta federal, pero soplada en clave de muerte. Los caballos, negros como la noche, emergieron de las tinieblas con ojos brillantes y espuma sanguinolenta en las fauces.

Rosas montó su caballo, un alazán espectral al que llamaban Lucero de la Noche. El animal golpeaba la tierra con sus cascos, levantando chispas rojas como brasas.

¡Federales! tronó Rosas, con la voz que hacía temblar a vivos y muertos. ¡Es hora de cazar!

Un grito colectivo, mitad alarido humano, mitad chillido animal, se expandió como un eco infernal por los campos.

Los vampiros federales cabalgaron hacia las barrancas del río, donde un grupo de unitarios dormía confiado. El silencio se quebró en un instante: alas de murciélagos cubrieron el cielo, los cuchillos brillaron, y la sangre corrió como un río carmesí sobre la hierba.

En el centro de la masacre, Rosas descendió de su caballo. Tomó de los cabellos a un joven oficial unitario y clavó sus colmillos en la garganta. La sangre manó caliente, tiñendo su uniforme colorado.

El caudillo cerró los ojos y bebió profundamente, como si absorbiera no solo la vida, sino también la voluntad de sus enemigos.

Así gobierna el Restaurador —susurró, con los labios manchados de rojo.

Cuando el sol comenzara a asomar, él y sus soldados volverían a descansar bajo las bóvedas secretas de Palermo, hasta la próxima noche. Porque Rosas no era solo un caudillo. Era el vampiro eterno de la Federación.


Novela de la Saga de Juan Manuel de Rosas

 Juan Manuel de Rosas: El romántico federal

En la primera mitad del siglo XIX, cuando Buenos Aires y la Confederación vivían en medio de guerras civiles, pasiones políticas y luchas por el poder, Juan Manuel de Rosas encarnó no solo la figura del caudillo fuerte, sino también la del hombre romántico, atravesado por sentimientos intensos, ceremonias de honor y una sensibilidad marcada por el amor y la lealtad.

Rosas era un hombre que combinaba disciplina con afecto. Dueño de una mirada penetrante, sabía inspirar respeto y, al mismo tiempo, una extraña atracción. En la tradición romántica, se lo recuerda como alguien que valoraba los pequeños gestos: una flor en el ojal, una cinta roja en el pecho, un saludo ceremonioso a las damas. Era severo en la política, pero galante en el trato social.

Su relación con Encarnación Ezcurra es quizás la mejor prueba de ese costado romántico. Juntos formaron una pareja política y sentimental inseparable, donde el amor y la lealtad se confundían con la causa federal. Encarnación lo alentaba, lo sostenía y lo defendía con una pasión que rozaba lo épico, mientras Rosas le correspondía con admiración y ternura, una ternura que pocas veces se mostraba en público, pero que se manifestaba en cartas, recuerdos y confidencias.

El romanticismo de Rosas también se reflejaba en su vínculo con la tierra y las tradiciones. El campo, los caballos, las danzas criollas y la música lo emocionaban profundamente. No era casual que exigiera a su tropa vestir la divisa punzó: el rojo era el color de la pasión, de la sangre y de la vida, un símbolo que él mismo cargaba como si fuera un estandarte de amor a la Patria y de lealtad al federalismo.

Para sus seguidores, Rosas representaba el ideal del caudillo romántico: fuerte en la guerra, sensible en el hogar, fiel a la palabra dada, amante de las tradiciones y de la sencillez criolla. Para sus enemigos, ese mismo romanticismo se teñía de autoritarismo y obsesión. Pero, más allá de los juicios, lo cierto es que Rosas vivió intensamente, con la fuerza pasional de los románticos de su época, donde la política se mezclaba con el honor, el amor y hasta con la tragedia.

Rosas, el romántico federal

En las tertulias porteñas, cuando los músicos rasgueaban una guitarra y la penumbra de los faroles apenas iluminaba los rostros, Juan Manuel de Rosas no pasaba desapercibido. Su figura erguida, su mirada firme y sus maneras corteses lo volvían un personaje magnético. No hablaba demasiado, pero cuando lo hacía, cada palabra parecía cargar con un peso de hierro y, al mismo tiempo, con una ternura inesperada.

Encarnación Ezcurra, su compañera, solía decir que Rosas no era de gestos vanos, sino de silencios profundos. En las cartas que le enviaba cuando estaba en campaña, él no describía batallas ni planes militares, sino recuerdos sencillos: el perfume del jazmín en su quinta de Palermo, la risa de sus hijos, o la forma en que la brisa movía las cintas punzó en el mástil de su casa.

Ese costado íntimo era el que lo hacía un romántico. Porque Rosas no concebía la política sin pasión, ni la vida sin símbolos. La cinta roja en el pecho era más que un signo partidario: era un juramento de amor, tanto a la Patria como a quienes le eran fieles.

Los viajeros europeos que lo conocieron lo describieron como un hombre de modales elegantes, dueño de una cortesía casi aristocrática. Sin embargo, detrás de esa severidad se escondía un espíritu sensible. Cuando recorría los campos de San Martín o Los Cerrillos, solía detenerse a contemplar el amanecer. Para él, la pampa abierta no era solo territorio de guerra: era escenario de poesía.

Y en medio de sus responsabilidades, encontraba siempre un espacio para el gesto galante. Se cuenta que, en una ocasión, en una fiesta de campaña, tomó una ramita de ceibo en flor y se la entregó a Encarnación, diciéndole con voz baja:

El ceibo es fuerte, pero también hermoso. Como vos.

Ese era Rosas: un hombre que mezclaba la dureza del hierro con la delicadeza del romanticismo. Un caudillo que podía dictar órdenes implacables en el campo de batalla y, al mismo tiempo, guardar un pañuelo bordado por su hija como el más sagrado de los amuletos.

Capítulo I: El caudillo y la pasión

La ciudad de Buenos Aires, a comienzos de la década de 1830, vibraba con los rumores de las tertulias y el retumbar de cascos en las calles empedradas. El Río de la Plata traía brisas saladas que se mezclaban con el perfume de los jazmines en las casas de San Telmo.

En esas noches, cuando las damas lucían vestidos claros y los caballeros se disputaban la mirada de una mujer con un gesto, un brindis o un verso, había un nombre que no podía pronunciarse sin que los ojos se encendieran: Juan Manuel de Rosas.

Llegaba casi siempre vestido de negro, con la divisa punzó en el pecho. Su figura era austera, pero su presencia llenaba el salón. No era un hombre de palabras largas, y sin embargo, cada silencio suyo decía más que un discurso. Las mujeres lo observaban con una mezcla de temor y fascinación. Los hombres, en cambio, lo respetaban, aunque más de uno ardía en celos por la atención que despertaba.

Encarnación Ezcurra, su compañera inseparable, era consciente de esa atracción. Y lejos de sentirse opacada, encontraba en ello el reflejo del magnetismo del hombre que había elegido. Cuando Rosas la miraba, todo el salón se desvanecía. Eran ellos dos, solos, en medio del bullicio. Ella, con su firme carácter, lo empujaba siempre a más. Él, con la serenidad de un caudillo, la hacía sentir la única mujer del mundo.

Pero Rosas también sabía jugar el papel del seductor. En más de una tertulia se inclinaba hacia una dama joven y, con la galantería de la época, le ofrecía una flor o le dedicaba un cumplido apenas murmurando:

La Patria necesita bellezas como la suya, señora… porque sin ellas, no habría causa que valiera la pena defender.

Era un romanticismo a la criolla: mezcla de política, pasión y símbolo. Para Rosas, el amor y el poder caminaban juntos, como dos caballos que tiraban del mismo carro.

Y así, entre cintas punzó, valses improvisados y la mirada penetrante del Restaurador, comenzaba a tejerse la leyenda de un hombre que no solo gobernaba con la espada y la palabra, sino también con la fascinación y el misterio de los románticos de su tiempo..


Capítulo II: Encarnación, el fuego y el amparo

En la quinta de Palermo, cuando el ruido de la ciudad se apagaba y solo quedaba el canto lejano de algún gallo perdido en la madrugada, Rosas se despojaba de su uniforme. El hombre de la divisa punzó, el Restaurador de las Leyes, dejaba paso al Juan Manuel íntimo, aquel que solo conocía una mujer: Encarnación Ezcurra.

Ella lo esperaba con un pañuelo bordado en las manos y una mirada que ardía como un farol en la penumbra. No había miedo ni sometimiento en sus ojos: había fuerza, complicidad, desafío. Encarnación era su igual.

Te has pasado el día entero entre caballos y hombres armados le reprochaba suavemente

¿Y acaso te olvidás de que también tenés un corazón?

Rosas sonreía apenas, y en esa sonrisa se dibujaba el otro Rosas: el que guardaba cartas perfumadas, el que recordaba el aroma del jazmín en sus pagos, el que no dudaba en inclinarse para besar la frente de su compañera como si fuera un rito secreto.

Se querían con pasión, pero también con política. Encarnación lo alentaba en cada decisión, lo empujaba a afirmarse frente a unitarios y conspiradores. El amor entre ellos era más que sentimental: era un pacto de hierro, tejido con ternura y con sangre.

A veces, cuando la noche caía y el silencio lo cubría todo, Rosas le susurraba:

Encarnación, si alguna vez me caigo, serás vos quien me levante.

Ella lo miraba fijo y respondía:

Y si alguna vez te caés, caeremos juntos. Porque lo nuestro no lo quiebra ni la muerte.

Era un amor romántico en el sentido más profundo: pasión, destino y tragedia unidos en una sola llama.


Capítulo III: El seductor de la divisa punzó

Las tertulias de Buenos Aires eran un escenario donde se mezclaban política, música y susurros de amor. En los salones iluminados por candelabros, las damas lucían encajes franceses y los caballeros recitaban versos de Echeverría o improvisaban décimas criollas.

Cuando Rosas entraba, la conversación se detenía unos segundos. No era solo el Restaurador quien aparecía, sino un hombre cuya presencia dominaba el aire. Vestido con sobriedad, siempre con la divisa punzó, caminaba entre los invitados con el mismo aplomo con el que recorría la pampa a caballo.

Las mujeres lo observaban con una mezcla de curiosidad y deseo. Algunas lo temían por su fama de caudillo inflexible, pero más de una no podía apartar la vista de su porte altivo y de sus modales caballerescos. Rosas lo sabía, y jugaba con ese magnetismo.

En una ocasión, durante un baile en San Telmo, se acercó a una joven viuda de mirada tímida. Tomando una flor del ramo de la mesa, se la entregó con un gesto lento, casi ceremonial:

Dicen que el rojo es el color de la guerra le susurró con voz grave. Yo digo que es el color del corazón.

La dama enrojeció, mientras los demás invitados murmuraban. Rosas continuó como si nada, convidándola a un minué.

No era un conquistador vulgar; su seducción estaba en los gestos pequeños, en la intensidad de la mirada y en la seguridad de sus palabras. Para muchas, representaba el ideal romántico del hombre fuerte que, aun entre fusiles y decretos, sabía detenerse a contemplar la belleza de una mujer o el vuelo de una mariposa en el patio de su casa.

Esa dualidad el caudillo implacable y el galán romántico alimentaba la leyenda. Y en cada tertulia, mientras los músicos hacían sonar las guitarras, más de una dama regresaba a casa preguntándose si, tras esa mirada de acero, se escondía un corazón que ardía como los suyos.

Ariel Agustín Quiroz 

Instituto de Investigaciones Históricas J M de Rosas del Pdo. de la Costa

miércoles, 25 de junio de 2025

PROYECTO DE CREACIÓN Y FUNCIONAMIENTO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS “JUAN MANUEL DE ROSAS” DEL PARTIDO DE LA COSTA

Fundamentación

El Partido de La Costa posee una riqueza histórica y cultural que ha sido, en gran parte, invisibilizada o narrada desde perspectivas que omiten su verdadero valor geopolítico, social y simbólico. Desde los tiempos coloniales hasta los enfrentamientos del siglo XIX, el territorio conocido como Rincón de Ajó ha sido testigo y protagonista de hechos fundamentales para la construcción de la soberanía nacional.

En este contexto, la figura de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, líder federal y defensor de la soberanía nacional ante el intervencionismo extranjero, se vuelve central. Rosas no sólo tuvo una relación directa con este territorio, sino que dejó un legado que hoy sigue interpelando la identidad nacional, el federalismo, la defensa de los intereses del pueblo y la autodeterminación política.

Por ello, proponemos la creación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de la Costa, como un espacio de estudio, reflexión, formación, preservación y difusión del pasado nacional y regional, articulando la historia con el presente y proyectándola hacia el futuro desde una mirada crítica y popular.

Objetivos

1. Investigar y difundir la historia del Partido de la Costa con eje en el pensamiento federal, nacional y popular.

2. Revalorizar el legado de Juan Manuel de Rosas en el territorio bonaerense y su vínculo con la región costera, especialmente el Rincón de Ajó.

3. Formar conciencia histórica en la comunidad, especialmente en jóvenes y estudiantes, para fortalecer la identidad cultural local y nacional.

4. Generar actividades educativas, culturales y turísticas que integren la historia con el desarrollo social y económico.

5. Preservar la memoria histórica a través de archivos, exposiciones, publicaciones y jornadas conmemorativas.

Ejes de trabajo

Investigación histórica: publicaciones, proyectos académicos, estudios sobre la época federal y el siglo XIX.

Educación y formación: talleres, jornadas, charlas en escuelas, centros culturales y universidades.

Patrimonio y turismo histórico: señalización de sitios históricos del Partido de la Costa vinculados a Rosas, los federales, los Libres del Sur y las luchas populares.

Cultura y arte con identidad: impulso a producciones culturales, artísticas y comunitarias con perspectiva histórica.

Propuesta institucional

El Instituto se conformará como una organización cultural y educativa sin fines de lucro, con articulación público-privada, abierta a la participación de investigadores, docentes, estudiantes, vecinos y militantes del pensamiento nacional.

Funcionará como:

Archivo y centro documental.

Espacio de formación.

Coordinador de actividades culturales y conmemorativas.

Referente local ante instituciones provinciales y nacionales dedicadas a la historia argentina.

En tiempos donde la historia es disputada, silenciada o manipulada según intereses ajenos al pueblo, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de la Costa se propone como una trinchera de memoria, verdad e identidad. Un espacio de militancia cultural que reivindique lo nuestro, fortalezca la conciencia histórica de los pueblos y aporte a la construcción de una Argentina justa, libre y soberana.

Ariel Agustín Quiroz 
Revisionista de la Historia Argentina 

Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de la Costa.

Contacto: 2252-403118
E-mail: instituto.cultural.rosas@gmail.com



jueves, 5 de junio de 2025

Boletín N° 6 mes de Junio

Monumento a Juan Manuel de Rosas 
En Mar de Ajo - Plaza de los Pioneros






Evita TV 
Cuaderno Peronista 


Juan Manuel de Rosas: el Restaurador de la Historia.

“Elegimos recordar a Juan Manuel de Rosas como el Restaurador porque su legado marcó un rumbo en la defensa de la soberanía, el orden y la identidad nacional. Su figura no se limita a los hechos de su tiempo, sino que representa la continuidad de ciertos valores que aún hoy consideramos fundamentales para nuestra historia y nuestra comunidad.”


Juan Manuel de Rosas (1793-1877) fue gobernador de Buenos Aires en dos períodos y líder de los federales. Durante mucho tiempo, la historia oficial escrita desde la perspectiva unitaria lo presentó como un tirano sanguinario que reprimía a sus opositores y consolidaba un poder personal absoluto.

A fines del siglo XIX y especialmente en el XX, historiadores revisionistas comenzaron a reinterpretar su figura:

Destacaron su papel en la defensa de la soberanía frente a potencias extranjeras.

Valoraron su gestión del orden social y la protección de las provincias frente al centralismo porteño.

Consideraron su gobierno como una etapa de organización nacional, no solo de represión.

Figuras clave del revisionismo histórico argentino como José María Rosa y Julián Aguirre defendieron la idea de que Rosas no era un simple dictador, sino un caudillo que representaba al pueblo y los intereses federales.

Gracias al revisionismo, Rosas pasó a ser visto como:

El Restaurador: símbolo de la defensa de la soberanía y la identidad nacional.

Un caudillo federal: representante del federalismo frente al centralismo unitario.

Figura compleja: ni villano absoluto ni héroe idealizado, sino un personaje con luces y sombras cuyo análisis requiere contexto histórico.


Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas, tuvo un rol fundamental y activo en la política de la Argentina de la época, aunque históricamente muchas veces fue invisibilizado.

Casada con Rosas en 1813, Encarnación fue una mujer profundamente influyente en la vida política y social del país.

Su acción fue clave especialmente durante el período de Rosas como gobernador de Buenos Aires (1829-1832 y 1835-1852).

Jefa de la Sociedad Popular Restauradora: Durante la ausencia de Rosas en 1833, lideró esta organización que movilizaba a la población en apoyo a los federales.

Organizadora de la resistencia política: Coordinó acciones para sostener el poder federal frente a las amenazas unitarias.

Influencia sobre Rosas: Era consejera y apoyo constante, y muchas decisiones políticas del Restaurador tuvieron su respaldo o impulso detrás de escena.

Fue una de las primeras mujeres argentinas en ejercer poder político activo, aunque de manera informal.

Su capacidad de organización y liderazgo fortaleció el proyecto político de Rosas y el federalismo en Buenos Aires y otras provincias.

Su figura demuestra que el revisionismo histórico también debe reconocer la participación femenina en la política del siglo XIX.


Rosas fue derrocado en 1852 por la batalla de Caseros, liderada por Justo José de Urquiza.

Su caída marcó el fin del dominio federal en Buenos Aires y abrió paso a una reorganización política bajo una perspectiva más liberal y unitaria.

Muchos de sus opositores lo condenaron como tirano, atribuyéndole todos los males de la época, lo que funcionó como un “castigo histórico” en los relatos unitarios.

Tras Caseros, Rosas se exilió en Inglaterra. Allí vivió 17 años, lejos de su patria y de su influencia política directa.

Aunque fue respetado por la colonia argentina en Londres y mantuvo correspondencia con seguidores, su exilio representó un castigo personal y político: la pérdida del poder y la separación de su país.

El revisionismo histórico cuestiona la idea de que Rosas fuera únicamente un villano que merecía castigo.

Destaca que muchas acusaciones provinieron de una historiografía unitaria y parcial, y que Rosas, pese a la derrota, dejó un legado sólido en términos de federalismo y defensa de la soberanía.

En este sentido, el “castigo” fue más simbólico: un intento de borrar o distorsionar su historia.


El proyecto federal de Juan Manuel de Rosas fue uno de los pilares de su acción política y de su legado histórico. Se centró en consolidar un modelo de organización nacional basado en la autonomía de las provincias, la defensa de la soberanía y el orden social, en contraposición al centralismo unitario que predominaba en Buenos Aires y en los sectores liberales.

Autonomía provincial: Cada provincia debía tener poder de autogobierno, sin depender exclusivamente de Buenos Aires.

Defensa de la soberanía nacional: Rosas se opuso a la intervención extranjera y a los intentos de fragmentar el país.

Orden y estabilidad: Creía que la autoridad fuerte era necesaria para garantizar la paz y la cohesión entre las provincias.

Poder político centralizado en el gobernador: Aunque federalista, Rosas ejerció un control firme desde Buenos Aires para mantener la unidad.

Sociedad Popular Restauradora: Movilizó a la población para sostener el poder federal y enfrentar a los unitarios.

Milicia y lealtad provincial: Su proyecto incluía fuerzas locales leales que defendían las provincias y su sistema federal.

Consolidó la idea de Argentina como un país federal, con provincias fuertes y un respeto relativo a la diversidad regional.

Sentó las bases para posteriores debates sobre centralismo versus federalismo, que aún persisten en la política argentina.

Su visión fue recuperada por el revisionismo histórico, que lo ve como defensor del interés nacional frente a los poderes concentrados.

 
Incluir a Rosas en el calendario escolar

Día de la Historia Federal o del Restaurador

Fecha posible: 30 de marzo, aniversario de su segunda asunción como gobernador de Buenos Aires (1835), o 14 de marzo, fecha de su fallecimiento en 1877.

Actividad: charlas sobre su proyecto federal, su rol en la defensa de la soberanía y la participación de Encarnación Ezcurra.

Incluir su figura en los contenidos de historia argentina en secundaria, especialmente en los temas de federalismo vs. centralismo y revisión histórica.

Proponer debates o exposiciones sobre cómo fue interpretado por historiadores unitarios y revisionistas.

Ilustraciones de Rosas como “El Restaurador”, incluyendo su liderazgo, su relación con las provincias y su legado.

Destacar figuras asociadas, como Encarnación Ezcurra, para mostrar participación femenina en la política del siglo XIX.

Juegos de roles donde los alumnos representen debates entre federales y unitarios.

Creación de murales o presentaciones sobre el proyecto federal y la historia de la época.


En el Partido de La Costa, la memoria de Juan Manuel de Rosas se preserva a través de diversas iniciativas que buscan revalorizar su figura y su legado histórico.

Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas

Fundado el 30 de marzo de 2023 en San Clemente del Tuyú, en conmemoración del natalicio de Rosas, este instituto tiene como objetivo promover el estudio y la difusión de la historia argentina, con especial énfasis en el período rosista y la Confederación Argentina. Organiza talleres, charlas, conferencias y seminarios, y cuenta con una biblioteca especializada y un archivo documental dedicado a la historia regional .

Proyecto “Rosas en Espacios Públicos”

Este proyecto busca promover la memoria histórica de Juan Manuel de Rosas en el Partido de La Costa, reforzando la identidad local y nacional. A través de actividades culturales y educativas, se pretende sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de preservar y valorar la historia local .

Actividades y eventos

El instituto organiza eventos como charlas y conferencias. Por ejemplo, en noviembre de 2024, se realizó una charla sobre Juan Manuel de Rosas y la Soberanía Nacional en San Clemente del Tuyú, con la presencia del historiador y académico Dr. Julio R. Otaño, quien destacó la importancia de revalorizar a las figuras históricas olvidadas por la narrativa oficial .

Estas iniciativas contribuyen a mantener viva la memoria de Juan Manuel de Rosas en la región, promoviendo el conocimiento y la reflexión sobre su impacto en la historia argentina.





























🎨1° Encuentro Itinerante Multicultural Latiendo Arte

🗓️ Domingo 6 de Julio de 2025 – desde las 11 hs

Sociedad de Fomento Puerto – Calle 10 N°946, Camino al Puerto, San Clemente del Tuyú – Partido de La Costa

¡Viví un día único lleno de cultura, arte y comunidad!


🎭 Teatro en vivo

🎶 Shows musicales

💃 Danzas folklóricas regionales

🧵 Feria de artesanos

🎨 Talleres artísticos

🎤 Charlas abiertas

🌟 Artistas invitados

🎉 ¡Y mucho más!


Grupo Percepción 

Grupo de Danza Folklóricas Renacer 

Sonia Echeverría (Teatro)

Grupo de Danzas Folklóricas Raíces Argentinas 


💬 Difundiendo nuestra cultura, desde el pueblo y para el pueblo.


🎟️ Entradas:

Anticipadas: $1500 · En puerta: $2000


📞 Contactos:

Ariel Quiroz – 2252 403118

Andrea V. Gimeno – 2252 403374

Giselda Arebalo – 11 3889 4419


Ahieren y acompañan:

Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de La Costa

Sociedad de Fomento Puerto 

Evelen Publicidades 

Cadena Virtual  102.9 FM 

La 100 99.9 y Vos 

🔄 ¡Compartí, invitá a tus amistades y vení a celebrar la identidad cultural de nuestra tierra!

#EncuentroMulticultural #ArteCostero #SanClementeDelTuyú #CulturaViva #FeriaDeArtesanos #Folklore #ArtePopular #MovimientoCultural #LatiendoArte


Presentación del libro “Nosotros”

Un encuentro especial en el Partido de La Costa

Tenemos el honor de recibir a Diego Ezequiel Pogonza, historietista e investigador, para la presentación del libro “Nosotros”, una obra que recupera nuestra historia en formato de historieta.

Jueves 24 de julio | 19 hs

Biblioteca Popular Juan XXIII

Calle 8 1051 - San Clemente del Tuyú

Te invitamos a ser parte de esta jornada cultural única, donde el arte, la historia y la memoria se encuentran.

Organizan:

Biblioteca Popular Juan XXlll de San Clemente del Tuyú

Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de La Costa



Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas Partido de La Costa

🎖️ Invita cordialmente al acto en conmemoración del Paso a la Inmortalidad del Héroe Nacional

Don Martín Miguel de Güemes

📅 Fecha: Martes 17 de junio de 2025

🕒 Hora: 15:00 h

📍 Lugar: Monumento Busto de Martín de Güemes 

En Calle Entre Ríos y Mendoza, Santa Teresita.

Don Martín Miguel de Güemes (1785–1821) fue un destacado militar y líder político salteño que jugó un papel crucial en la Guerra de la Independencia Argentina. Su primera batalla la libró en las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Reconocido por su valentía y estrategia, organizó y lideró las milicias gauchas del norte del país en una resistencia clave frente a los avances realistas. Su accionar fue esencial para contener al enemigo en la frontera norte, lo que permitió a San Martín avanzar con su campaña libertadora en el sur del continente. Güemes es recordado como un símbolo del coraje popular y la defensa del territorio patrio.


Programa del Acto Ceremonial en Homenaje a Martín Miguel de Güemes

Fecha: 17 de junio
Lugar: Monumento Busto de Martín de Güemes 
Calle Entre Ríos - Santa Teresita 
Hora: 15h.

1. Apertura del Acto

Palabras de bienvenida por locutor de ceremonias.

Breve introducción Palabras Alusivas Por Andrea Veronica Gimeno Secretaria del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de la Costa.

2. Entrada de la Bandera de Ceremonia

Ingreso solemne de la bandera nacional.

A cargo de los abanderados y escoltas.

3. Entonación del Himno Nacional Argentino

4. Entonación del Himno a Güemes

5. Palabras Alusivas Placa Homenaje por Giselda Arebalo del Instituto Rosas. 

6. Palabras alusivas Sr. Nito Milano Reseña Historica del monumento.

7. Palabras Alusivas: Por Carlos Eduardo Castilla Soldados Veteranos de Canal de Beagle.

8. Minuto de silencio

En honor a Martín Miguel de Güemes y a todos los héroes de la patria.

9. Retiro de la Bandera de Ceremonia

10. Cierre del acto

Agradecimientos.

Despedida formal del público presente.


Homenaje a Don Martín Miguel de Güemes

Hoy, al conmemorar un nuevo aniversario del Paso a la Inmortalidad de Don Martín Miguel de Güemes, rendimos tributo a un verdadero Héroe Nacional, ejemplo de entrega, valor y patriotismo inquebrantable.

Güemes no fue solo un valiente militar, sino el líder del pueblo norteño, que supo movilizar a los gauchos y poner cuerpo y alma al servicio de la causa emancipadora. Defendió con coraje la frontera norte de nuestra patria frente al avance realista, y lo hizo no desde la comodidad de los salones, sino desde los montes, los caminos, las trincheras y las heridas.

Fue el protector del suelo argentino cuando las Provincias Unidas aún eran una esperanza. Su estrategia de guerra de guerrillas, junto a la lealtad de su pueblo, resultó clave para el triunfo de la campaña libertadora del General San Martín.

Hoy su legado vive en cada acto de soberanía, en cada gesto de justicia social, en cada rincón de la patria que lucha y sueña.

El Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de La Costa honra su memoria con este sencillo pero sentido homenaje, y deja inaugurada una placa conmemorativa como símbolo de gratitud y compromiso con nuestra historia. Porque recordar a Güemes es también recordar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir como Nación.

¡Gloria y honor eternos al General Martín Miguel de Güemes! ¡Viva la Patria!






Palabras alusivas de Carlos Eduardo Castilla 

Estimadas y estimados compatriotas:

Hoy nos convoca el reconocimiento a dos gestas separadas por más de un siglo, pero unidas por la misma fibra patriótica: la de Martín Miguel de Güemes y sus gauchos del Norte, y la de los Veteranos del Conflicto del Canal de Beagle. Cada 17 de junio, Día Nacional de la Libertad Latinoamericana instituido por la Ley 25 173, recordamos al general Güemes, aquel joven salteño que, con apenas 36 años, entregó su vida para que la frontera norte permaneciera libre de la invasión realista. Sus “Infernales” —campesinos, criollos y pueblos originarios— mostraron que el valor no reside en los uniformes lustrosos, sino en el compromiso inquebrantable con la tierra que nos vio nacer. Con caballos flacos y corazones gigantes, sellaron con sangre el paso hacia la independencia de toda la patria. 

Del otro extremo del mapa —las gélidas aguas australes— llegan los ecos de otra guardia heroica. En diciembre de 1978, miles de soldados se movilizaron para defender nuestra soberanía en el Canal de Beagle. No hubo disparos, porque la mediación diplomática primó sobre las armas, pero sí hubo sacrificio: familias que despidieron a sus hijos días antes de Navidad y jóvenes que estuvieron dispuestos a ofrendarlo todo. Numerosas provincias y proyectos legislativos —entre ellos, los expedientes presentados en el Congreso y en Tierra del Fuego— impulsan que el 22 de diciembre sea reconocido como “Día Nacional del Veterano del Canal de Beagle”, un merecido homenaje que la Nación aún tiene pendiente. 

Desde Salta a Tierra del Fuego, la historia nos enseña que la defensa de la patria adopta rostros distintos pero idéntica vocación. Güemes y los veteranos del Beagle encarnan la misma ética: amor sin reservas a la Argentina, humildad para compartir el destino colectivo y coraje para enfrentar la adversidad. Inspirémonos en ellos para cerrar grietas, afirmar la soberanía con diálogo y construir un proyecto nacional donde la justicia social, la libertad y la dignidad sean destino irreversible. Que su ejemplo nos acompañe cada día y que sus nombres permanezcan vivos en la memoria agradecida del pueblo argentino.

¡Honor y gloria a Martín Miguel de Güemes! ¡Honor y gloria a las y los Veteranos del Canal de Beagle!

El Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de la Costa  homenajeo la Batalla de Punta Quebracho del 4 de junio de 1846

Una victoria argentina por la soberanía del Paraná

El 4 de junio de 1846, las tropas de la Confederación Argentina al mando del general Lucio Norberto Mansilla enfrentaron a una escuadra anglo-francesa en las costas del río Paraná, en la zona de Punta Quebracho, provincia de Santa Fe.

La batalla fue parte de la resistencia argentina al bloqueo naval impuesto por el Reino Unido y Francia, que pretendían dominar el comercio en los ríos interiores y desconocer la soberanía nacional. Este conflicto se enmarca dentro de la política del gobernador Juan Manuel de Rosas, que defendía la integridad territorial y el control del comercio fluvial.

La flota invasora se retiraba río abajo tras no haber logrado sus objetivos comerciales ni militares.

Mansilla, al frente de las fuerzas confederadas, con artillería pesada apostada en las barrancas, hostigó a los buques enemigos causando importantes daños.

La contundencia del ataque argentino obligó a los invasores a reconocer de hecho la soberanía de la Confederación sobre sus ríos interiores.

Fue una victoria estratégica y simbólica que consolidó el prestigio de Rosas y el reclamo argentino ante las potencias extranjeras.

Representa una de las últimas batallas de la guerra del Paraná y la defensa exitosa de la soberanía nacional frente al colonialismo europeo.

Fue la única vez que una potencia sudamericana obligó a una flota conjunta de Inglaterra y Francia a retirarse derrotada.

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. La Batalla de Punta Quebracho es un símbolo de dignidad nacional, de lucha contra la entrega y por la soberanía.”

🇦🇷 Homenaje a los Héroes de la Batalla de Punta Quebracho

4 de junio de 1846 – 4 de junio de 2025

En defensa de la soberanía nacional

Hoy rendimos homenaje a los valientes hombres y mujeres que, bajo el mando del general Lucio Norberto Mansilla y la conducción política del brigadier general Juan Manuel de Rosas, defendieron con coraje y decisión nuestra soberanía frente al poderío naval de las potencias extranjeras.

En las barrancas del río Paraná, en Punta Quebracho, la Confederación Argentina escribió una página heroica al enfrentar a las flotas invasoras de Inglaterra y Francia, que pretendían imponer su dominio sobre nuestros ríos y nuestro comercio. Allí, con fuego y dignidad, se alzó la bandera de la independencia nacional.

La victoria de Quebracho no fue solo militar: fue un acto de afirmación política y cultural, una señal clara de que el pueblo argentino no se somete, no se arrodilla, no entrega su patria.

✊ Por eso hoy decimos:

Honor y gloria a los combatientes de Punta Quebracho.

Memoria viva para quienes enfrentaron al imperialismo con coraje y dignidad.

Compromiso activo con la defensa de nuestra soberanía, ayer, hoy y siempre.

 “Que nadie olvide que la independencia se defiende cada día. Que Punta Quebracho nos inspire a resistir toda forma de sometimiento y entrega.”

🇦🇷 ¡Viva la patria!

🇦🇷 ¡Gloria a los héroes de Quebracho!

🇦🇷 ¡Por una Argentina libre, justa y soberana!