Batalla de Santa Rosa
¿Hay alguna esperanza de triunfo en esta guerra? No, no hay ninguna. Lo ve enseguida Hernández, pero al igual que los gauchos eso no debe calcularse, sino la justicia y santidad de la causa que se defiende. Y Hernández sigue tras del caudillo con su vida azarosa y llena de peligros, por la que quien más ronda es la muerte.
El país mira con evidente desagrado esta guerra de Entre Ríos y se admira del valor de las tropas gauchas de López Jordán. Pronto Sarmiento tiene que enviar seis generales allá, y proceder al repudiable procedimiento de las levas para formar un ejército capaz de terminar con la resistencia entrerriana. Exige un ejército de veinte mil hombres, que no logra formar, mientras López Jordán, burlando con viveza gaucha a los generales Mitre, Rivas y Conesa, toma Concepción del Uruguay, con su guarnición y su jefe, el coronel Claro Ortiz. Inmediatamente reúne a los prisioneros y los deja libres para que cada cual se marche a su provincia, a su casa. El 14 del mismo mes de julio se apodera de Gualeguaychú. Pero la artimaña y viveza gauchas terminan ante la presencia del formidable ejército nacional; el general Ignacio Rivas provisto de armas de fuego modernas, enfrenta a López Jordán en Santa Rosa, y la mortandad gaucha es impresionante

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