San Martín, Rosas y la mirada de Sarmiento
Domingo Faustino Sarmiento visitó al general José de San Martín, llevando consigo una carta de recomendación del general Juan Gregorio de Las Heras. El encuentro, que en principio parecía destinado a ser una entrevista entre dos figuras de nuestra historia, terminó dejando en Sarmiento una profunda impresión y, al mismo tiempo, una evidente contrariedad.
La razón de su desencanto fue la posición que el Libertador había asumido en defensa del brigadier general Juan Manuel de Rosas, particularmente frente a la agresión de las potencias anglofrancesas contra la Confederación Argentina.
San Martín, desde su retiro europeo, observaba aquellos acontecimientos desde una perspectiva que Sarmiento no compartía. Para el Libertador, la defensa de la soberanía argentina frente a las pretensiones de las potencias extranjeras constituía una cuestión esencialmente nacional. Su experiencia militar y su propia trayectoria de lucha por la independencia americana parecían llevarlo a reconocer en Rosas, más allá de las diferencias políticas, al hombre que en aquel momento sostenía la defensa de la soberanía de su patria.
Contrariado por aquella postura, Sarmiento escribió el 4 de septiembre de 1846 a su amigo sanjuanino Antonio Aberastain:
“Va Ud. a buscar la opinión de los americanos mismos (en Europa) y por todas partes encuentra la misma incapacidad de juzgar. San Martín es el ariete desmontado ya que sirvió a la destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano batido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca.
Habíamos vuelto a la época presente, nombrando a Rosas y su sistema. Aquella inteligencia, tan clara en otro tiempo, declina ahora; aquellos ojos tan penetrantes que de una mirada forjaban una página de la Historia, estaban ahora turbios, y allá en la lejana tierra veía fantasmas extranjeros.
Todas sus ideas se confundían, los españoles y las potencias extranjeras, la Patria, aquella Patria antigua, y la estatua de piedra del antiguo héroe de la independencia parecía enderezarse sobre el sarcófago para defender la América amenazada”.
Las palabras de Sarmiento resultan reveladoras no solamente por su tono, sino también porque permiten advertir la profunda distancia entre ambos hombres respecto de la interpretación de aquellos acontecimientos.
Mientras Sarmiento veía en la defensa de Rosas una suerte de extravío de aquel anciano héroe, San Martín parecía contemplar, desde la experiencia de quien había combatido por la emancipación americana, una continuidad esencial: la defensa de la independencia no terminaba con la derrota del poder español. También podía verse amenazada por nuevas pretensiones extranjeras.
Así, aquella entrevista dejó expuesta una de las grandes controversias de nuestra historia: qué significaba realmente defender la independencia argentina una vez alcanzada la emancipación política.
Y San Martín, desde su silencio europeo, había elegido una respuesta inequívoca: cuando una potencia extranjera amenaza la soberanía de la Patria, la defensa de esa soberanía debe estar por encima de las diferencias políticas internas.
Ariel Agustín Quiroz
Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas del Partido de La Costa

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